Los políticos no pueden
6 años
Mucho tiempo ha pasado desde la última entrada en este blog. Google lo mantiene con más esperanza que yo. No soy capaz de hacer un resumen de estos seis años porque la pereza y yo somos amantes reconocidos. Pero este 2020, que muere por asfixia y sin entubar, merece un apunte caritativo. Incluso a la gente que le ha ido bien con el asunto de la pandemia del Covid, se debería estar preguntando si realmente le ha ido bien. Quiero decir que, a la sociedad mundial, a los habitantes de este planeta que, constituidos en sociedad decidimos sacarle el mayor jugo a la Tierra, a esa sociedad, digo, le ha ido muy mal. El virus ha penetrado en el corazón del sistema. El tenderete se derrumba. La amenaza y el miedo continúan. Y también la insensatez y la arrogancia. Hemos descubierto que, si seguimos como hasta ahora, nos extinguiremos en menos de 100 años. Y aunque lo sabemos, seguimos. Creo fielmente en la incongruencia del ser humano y desconfío de los llamados "inteligentes" que creen que por arte de magia esto se arreglará solo. El 2020 ya es famoso por perverso y yo quiero hacerle un elogio. Hemos tenido 365 días en los que ha seguido saliendo el sol. 365 días de nuestra existencia, de mi vida, para comprobar que la sociedad va hacia nadie sabe dónde. 365 días para descubrir la enorme fragilidad en la que vivimos 12 meses llenos de primaveras e inviernos; como siempre. Miles de horas, minutos y millones de segundos que no hemos sabido valorar. Se nos ofrece la posibilidad de cambiar, la esperanza de rectificar y la tiramos a la basura porque...un ente minúsculo, microscópico, pone patas arriba el sistema cuando lo que teníamos que hacer era lo que traía escrito en la corona: queridos seres humanos, por favor, UNÍOS. Y lo único que supimos hacer fue salir a aplaudir a los que se jugaban la vida por salvar la de otros que, a su vez, aprendieron en el calvario de las ucis y los respiradores, la necesidad de unirnos, respetarnos y querernos. Y ahora, nos encerramos en la pequeña y auténtica familia para cumplir con el rito de la Navidad. Al menos, eso es lo que hacemos en los llamados países del primer mundo. Mientras tengamos la coartada de echarle la culpa a la sociedad, nada cambiará. Es de una gran responsabilidad y se necesita mucho valor para que, cada uno de los 7.500 millones de individuos de nuestra especie, cambiemos, rectifiquemos, descubramos el motivo por el que estamos aquí y nos pongamos a la tarea de lo que en estos días no hacemos más que desearnos unos a otros: paz en La Tierra. Al menos, como decía un amigo mío: TENGAMOS LA FIESTA EN PAZ.
