Los políticos no pueden

sábado, 13 de noviembre de 2021
Leo en los papeles las conclusiones de la COP 26 : la acción climática global se acerca al abismo. Y después de leerlo me fui a prepararme un café. Pero algo en mí se siente incómodo con esta noticia. ¿Esto es todo lo que nuestros dirigentes han logrado hacer después de años y años de advertencias y negociaciones? ¿Negociaciones? ¿El clima es negociable? ¿La extinción de las especies- incluida la muestra- hay que negociarla? La salud, el derecho a la vida en este planeta, ¿es objeto de negociación? ¿No se dan cuenta los que no dan su brazo a torcer que por mucho dinero o poder que tengan, sus vidas correrán la misma suerte que las nuestras? Porque claro, están ELLOS y NOSOTROS. Y ELLOS están en el poder y negociando lo innegociable porque NOSOTROS les hemos entregado las riendas del carro. Y ahora dependemos de lo que ellos decidan. Con la vida en este planeta no se juega. Si no apartamos la política de estos costosos y multitudinarios foros de indecisiones, el circo de las negociaciones seguirá sucediendo. Y el reloj no se detiene. Ni nadie quiere parar esta locura. ¿De qué coño nos sentimos orgullosos los seres humanos, ¿de la tecnología? ¿del progreso devastador? La vida no es de izquierdas ni de derechas. ¿Por qué dependen nuestras vidas de las derechas o las izquierdas? ¿Tan mal lo hemos hecho que somos capaces de cortar la rama que nos sustenta? ¿No hay solución? Hablo de solución incruenta porque sé que en la mente de muchos bulle la idea de masacrar a media humanidad para implantar el orden que creen que va a solucionar la cosa de casa. ¿De nuevo Caín y Abel? Un día, me gustaría que saliéramos todos a la calle a protestar. TODOS, menos ELLOS. Sólo nosotros. Para mí, NOSOTROS somos los de Alcalá de Henares, Las Islas Fiyi, Mongolia, Kenia, Azerbaiyán, California Arabia Saudita, Canadá, Albania, Japón, Sudáfrica, India, Luxemburgo,...incluso los ingleses. Es decir, NOSOTROS, el mundo entero, sin ELLOS. ¿Serviría de algo esta protesta?. Puede que de nada. Pero sería magnífico ver a 7.900 millones de personas queriendo compartir un solo objetivo: salvar este planeta de la destrucción. Defender la vida. Pero sin ELLOS. Sin acritud lo digo: han demostrado que no pueden hacerlo.

6 años

Mucho tiempo ha pasado desde la última entrada en este blog. Google lo mantiene con más esperanza que yo. No soy capaz de hacer un resumen de estos seis años porque la pereza y yo somos amantes reconocidos. Pero este 2020, que muere por asfixia y sin entubar, merece un apunte caritativo. Incluso a la gente que le ha ido bien con el asunto de la pandemia del Covid, se debería estar preguntando si realmente le ha ido bien. Quiero decir que, a la sociedad mundial, a los habitantes de este planeta que, constituidos en sociedad decidimos sacarle el mayor jugo a la Tierra, a esa sociedad, digo, le ha ido muy mal. El virus ha penetrado en el corazón del sistema. El tenderete se derrumba. La amenaza y el miedo continúan. Y también la insensatez y la arrogancia. Hemos descubierto que, si seguimos como hasta ahora, nos extinguiremos en menos de 100 años. Y aunque lo sabemos, seguimos. Creo fielmente en la incongruencia del ser humano y desconfío de los llamados "inteligentes" que creen que por arte de magia esto se arreglará solo. El 2020 ya es famoso por perverso y yo quiero hacerle un elogio. Hemos tenido 365 días en los que ha seguido saliendo el sol. 365 días de nuestra existencia, de mi vida, para comprobar que la sociedad va hacia nadie sabe dónde. 365 días para descubrir la enorme fragilidad en la que vivimos 12 meses llenos de primaveras e inviernos; como siempre. Miles de horas, minutos y millones de segundos que no hemos sabido valorar. Se nos ofrece la posibilidad de cambiar, la esperanza de rectificar y la tiramos a la basura porque...un ente minúsculo, microscópico, pone patas arriba el sistema cuando lo que teníamos que hacer era lo que traía escrito en la corona: queridos seres humanos, por favor, UNÍOS. Y lo único que supimos hacer fue salir a aplaudir a los que se jugaban la vida por salvar la de otros que, a su vez, aprendieron en el calvario de las ucis y los respiradores, la necesidad de unirnos, respetarnos y querernos. Y ahora, nos encerramos en la pequeña y auténtica familia para cumplir con el rito de la Navidad. Al menos, eso es lo que hacemos en los llamados países del primer mundo. Mientras tengamos la coartada de echarle la culpa a la sociedad, nada cambiará. Es de una gran responsabilidad y se necesita mucho valor para que, cada uno de los 7.500 millones de individuos de nuestra especie, cambiemos, rectifiquemos, descubramos el motivo por el que estamos aquí y nos pongamos a la tarea de lo que en estos días no hacemos más que desearnos unos a otros: paz en La Tierra. Al menos, como decía un amigo mío: TENGAMOS LA FIESTA EN PAZ.